miércoles, 22 de febrero de 2017

Descubriendo el camino

Ser padres es un camino largo de alegrías y disfrute, de orgullo, de encuentros maravillosos... Pero como todo en la vida, no está exento de dudas, desencuentros y angustias también.

Cuando nació nuestro primer bebé nadie nos entregó un manual de instrucciones, simplemente fuimos aprendiendo sobre la marcha, viviendo la experiencia, con sus aciertos y errores, con muchas preguntas y pocas respuestas... Por mucho que hayamos leído o por más que trabajemos con niños, tener un hijo es una experiencia que nos toca en lo más íntimo y nos mueve desde lo más profundo. Ser padre no se aprende, se vive. Es una experiencia que nos transforma porque la vida cobra matices hasta entonces desconocidos...

El camino del crecimiento de nuestros hijos nos enfrenta permanentemente a situaciones nuevas y difíciles en las que tratamos de hacer "lo mejor posible" confiando en ellos y en nuestra intuición. Cada etapa es un nuevo reto, cuando pensábamos que ya habíamos llegado a un "equilibrio", pronto nos damos cuenta que era una ilusión fugaz y nos descolocamos nuevamente... Ante esta situación de duda y "desorden" podemos responder volviéndonos sobre exigentes, intentando obtener respuestas y soluciones inmediatamente, en un proceso que tiene sus propios tiempos.

Quizá si vivimos la crianza abiertos a que nos sorprenda y nos deje perplejos, tolerando las dudas y los huracanes, podremos transitar por este camino con mayor libertad y así ir descubriendo juntos quienes son ellos y quienes somos nosotros....

Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres

jueves, 29 de diciembre de 2016

Un niño tiene miedo

Matías de 9 años le comenta a su mamá: "Cuando un niño te diga que tiene miedo de algo, nunca le digas que ese algo no existe, porque eso no lo ayuda".

Matías tiene razón. Los niños tienen diferentes miedos que a los adultos muchas veces nos parecen "irracionales". Por ejemplo: el miedo a los monstruos, a las brujas, a la oscuridad, a los fantasmas... Cuando nuestros hijos están asustados y nos dicen: "Mami no puedo dormir porque tengo miedo a los monstruos" y nosotros respondemos: "Los monstruos no existen", por más que lo que queremos es calmarlos, no los estamos ayudando, más bien se quedan más solos y asustados... ¿Por qué? Porque los niños pequeños aún no pueden discriminar bien entre la fantasía y la realidad, por eso los monstruos que imaginan ¡perfectmente pueden vivir debajo de su cama! A nosotros con nuestras mentes adultas nos cuesta entenderlo pero así es... Tener miedo es parte normal del desarrollo.

Crecer es un proceso largo que no está exento de ansiedades, duelos, angustias y miedos que muchas veces se proyectan en el afuera en forma de monstruos y brujas. Cuando un niño está asustado, es mucho más tranquilizador un abrazo comprensivo, una compañía contenedora, una escucha a corazón abierto, y cuatro orejas. Preguntémosles cómo es ese monstruo, por qué le da miedo, si tiene poderes, de qué color es... Adentrémonos con ellos al mundo de sus fantasías y se sentirán más acompañados y tranquilos. No es necesario buscar abajo de la cama para comprobarle que no hay ningún monstruo, ni tampoco intentar erradicar su miedo en un segundo. El crecimiento y el mundo interno tienen sus propias leyes y tiempos, y es importante respetarlas.

¿Acaso nosotros los adultos no tenemos nuestros propios monstruos también?.....

Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres

"No existe tal cosa como una vida sin lágrimas" D.W. Winnicott

La vida tiene un poco de todo. Está llena de momentos felices, de disfrute y de risas; pero también de experiencias tristes y tiempos difíciles...

En la infancia no todo es felicidad tampoco, los niños tienen miedos, angustias, tristezas y rabia. Muchas veces lloran, hacen pataletas, no duermen, o quizá están irritables o hiperactivos porque no encuentran otra forma de expresar su malestar. Malestar que es humano...

Así es la vida... Ese es el proceso de crecer... Es natural que haya un poco de todo. Sin embargo, en estos tiempos parece haber una hiper preocupación de los padres por que sus hijos "sean felices" y les resulta muy complicado permitirles vivir los momentos difíciles con naturalidad y acompañarlos con calma. ¿Por qué?... ¿Será que imaginamos que hay una forma de transitar por la vida evadiendo el malestar sin ningún tipo de costo emocional?

Es posible acelerarnos, distraernos o atontarnos con cosas superficiales para no sentir, pero el costo es alto: perdemos la brújula y eventualmente terminamos confundidos, vacíos o deprimidos…

Estar triste no es malo. Tener momentos de angustia es parte de la vida. La rabia es un sentimiento como cualquier otro. Lo que deprime, confunde y enferma es tratar de hacer como si nada de eso existiera.

Los niños, al igual que los adultos, necesitan espacio y tiempo para sentir la vida en sus diferentes matices. Necesitan que los escuchemos en silencio y que los ayudemos a entender cómo se sienten, para eso es importante que nosotros mismos no perdamos nuestras propias brújulas.

Quizá a veces creemos qué hay una forma de vivir solamente los días soleados...


Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres

La carrera sin fin

“Come rápido” “Apúrate en hacer tu tarea” “¡Que lento eres!” “¿Ya terminaste?” “Apúrate que no llegas a tu clase”…

A veces pareciera que vivimos en un mundo hiperactivo en el que los adultos estamos tan tomados por los estímulos y la velocidad que vamos perdiendo la capacidad de compartir con nuestros hijos sin interferencias ni apuros, sin necesariamente tener que "organizar un plan" para poder pasar tiempo juntos. Hasta los momentos de ocio se han convertido en una carrera sin fin…

Me pregunto, si nosotros mismos estamos tan acelerados, ansiosos y distraídos ¿cómo podemos transmitirles la calma necesaria a nuestros pequeños para que crezcan sin sentirse insatisfechos, ansiosos, y constantemente en la búsqueda de actividades que los hagan sentir completos?

En un mundo que cada día se mueve más rápido, que exige tener más logros, más estudios, más habilidades, ¿en qué momento les transmitimos la calma necesaria para disfrutar de ser niño?
El crecimiento es un camino largo que tiene sus propios tiempos y procesos imposibles de acelerar....


Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres

En nombre del amor

Últimamente leo muchos artículos que hablan acerca de "educar a los hijos con amor". El amor es, sin duda, un ingrediente fundamental para establecer relaciones profundas, duraderas, y para ser felices. Sin embargo, también creo que en ocasiones se le confunde y desvirtúa convirtiéndolo en un cliché vacío de significado, en un ideal que “todo lo puede”, o en una necesidad de los padres de cubrir sus propios vacíos con sus hijos, "en nombre del amor".

Les quiero contar algunas reflexiones que tuve acerca de este tema:

Criar a los hijos con amor no significa ser padres complacientes y permisivos. Los niños necesitan límites firmes, claros, y consistentes para sentirse seguros y crecer tranquilos. La firmeza y el amor son absolutamente complementarios para poner límites...

Criar a los hijos con amor no significa resolverles la vida. Las frustraciones son parte de la vida, y la infancia es el momento privilegiado en el cual los niños aprenden, en compañía de sus padres, a tolerar las pequeñas dosis de frutración inherentes a la existencia humana, que finalmente les permiten ir construyendo una mente capaz de pensar.

Criar a los hijos con amor no significa evitarles el sufrimiento a toda costa. Crecer es un camino que no está excento de dolor y de pequeños duelos necesarios para el desarrollo afectivo, para despedirnos de etapas pasadas y seguir caminando hacia el futuro. El problema no es que nuestros niños pasen momentos de tristeza, rabia o frustración, el problema es dejarlos solos con todo lo que sienten. Los niños necesitan padres capaces de registrarlos y de mirarlos, que los ayuden a digerir las experiencias y los momentos difíciles. A veces solo necesitamos alguien que nos escuche con atención y corazón abierto...

Criar a nuestros hijos con amor no es estar pegados a ellos las 24 horas del día. Esto no es apego tampoco... Los niños necesitan respeto de su propio espacio y de sus momentos en soledad. Necesitan padres con vida propia, capaces de despedirse para después poder reencontrarse con alegría. Los hijos no vienen al mundo para cubrir nuestros propios vacíos....

Criar a nuestros hijos con amor no es exigirles que sean los mejores. Cada niño es diferente, tiene ritmos, gustos, habilidades y defectos que los hacen únicos. El amor respeta la individualidad y el tiempo de cada niño. ¿Quién dijo que ser el mejor es ser el más feliz?...

Criar a nuestros hijos con amor no es llenarlos de lecciones de vida, como si nosotros supiéramos cómo vivir SU vida. Nuestra labor como padres es acompañarlos amorosa y respetuosamente en el camino de ir descubriendo quienes son y qué esperan de esta vida. Nunca perdamos la capacidad de sorprendernos...

El amor es necesario y fundamental para educar niños sanos y felices, pero no es suficiente... A veces, es fácil confundirnos "en nombre del amor"...

Y ustedes ¿Qué piensan que es criar a nuestros hijos con amor?

Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta

Acunnare. Espacio para Padres

Entre lo público y lo privado

Luego de algunos días de silencio cibernético, de no publicar nada y tomar distancia para pensar en el efecto que la inundación de las redes sociales tiene en nuestras vidas, vinieron a mi mente varias preguntas.

¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos en estos tiempos de Instagram, Snapchat y Facebook, en los que la foto aguanta todo? ¿Cuál es la delgada línea que separa lo público de lo privado? ¿Por qué necesitamos publicar cada momento de la vida? Cada cosa que nos compramos, cada viaje, cada plato de comida, cada mañana en familia... ¿Cómo podemos hablarles de intimidad a nuestros pequeños si los momentos más íntimos con ellos los hacemos públicos? ¿Cómo transmitirles que lo más importante es "lo de adentro" si vivimos tan "para afuera"? Si realmente estamos disfrutando, ¿por qué necesitamos publicarlo? ¿Cómo les enseñamos a nuestros hijos a disfrutar de los momentos juntos si estamos tan ocupados documentando todo para subirlo a Facebook? ¿es posible disfrutar así?

Muchos padres están preocupados porque sienten que las redes sociales dejan a sus hijos muy expuestos a personas mal intencionadas y creo que tienen razón en preocuparse. Es importante que hablemos con nuestros pequeños de los riesgos y la necesidad de cuidarse, pero ante todo, lo más importante es que sepamos que ellos aprenden de cuidado e intimidad de nosotros y con nosotros. Si los padres dependemos de "likes" para sentirnos aprobados ¿qué les estamos enseñando?...

Las redes sociales son un gran invento, nos abren muchas puertas y nos unen en la distancia pero también se pueden convertir en un depósito de muchas pasiones que nos ponen en riesgo...


Minosha Casabonne

Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres

Reflexiones de las vacaciones

Los niños ya volvieron al colegio, algunos con pena, otros contentos de reencontrarse con sus amigos y su rutina escolar... Las vacaciones son importantes para toda la familia porque nos permiten hacer un alto a la apurada rutina diaria y pasar largos momentos juntos, descansar y entregarnos al placer del ocio y el juego.

Durante estas vacaciones estuve pensando en la calidad del tiempo que pasamos con nuestros hijos, y no pude pasar por alto la gran interferencia que generan las pantallas en nuestras vidas... Pensaba en la sensación de ausencia y desconexión cuando estamos en nuestros teléfonos y tablets, en las conversaciones interrumpidas, en la indiferencia que deben sentir los que sí son capaces de apagar sus teléfonos cuando estamos juntos (o los que simplemente no tienen teléfonos, como muchos niños).

Me preguntaba ¿qué sentirán nuestros hijos cuando nos ven permanentemente conectados a la pantalla a pesar de que estamos "pasando tiempo” en familia?.... ¿Lo sentirán como rechazo o desinterés de nuestra parte?

Me preguntaba ¿cómo los niños no van a pedirnos jugar con nuestros celulares si ven que nosotros no podemos desprendernos de ellos?, ¿por qué no desearían locamente un objeto que es tan preciado para sus padres?

Me preguntaba ¿qué mensaje les estamos dando cuando manejamos chateando y contestando llamadas?, ¿les estaremos enseñando a negar de la manera más nefasta los peligros?

Me preguntaba ¿cuánto de lo que pasa alrededor nuestro nos perdemos por estar conectados respondiendo los millones de whatsaps que nos entran?... ¿Qué lugar tiene el aquí y ahora si estamos todo el día en la realidad paralela de la pantalla?

Me preguntaba ¿qué sentirán los más pequeños cuando los mensajes de texto interrumpen constantemente nuestros momentos juntos?... ¿Será que estamos perdiendo la capacidad de "estar" en un mundo en el que todo es "hacer"?

Me preguntaba ¿por qué antes podíamos estar en silencio con nuestras mentes y ahora nos metemos al celular casi como un acto reflejo?...

Me preguntaba ¿por qué la necesidad de publicar todo?, ¿cuál es la noción de intimidad que les estamos inculcando a nuestros hijos si publicamos fotos de cada paso que damos?, ¿les estamos enseñando a disfrutar los momentos o a publicar ante la mirada de los demás que lo estamos haciendo?

Todos sabemos que es importante regular el tiempo que pasan nuestros hijos frente a las pantallas pero quizá, primero tendríamos que preguntarnos nosotros mismos ¿por qué no podemos tomarnos vacaciones de ellas ni siquiera un instante para estar en familia?...

Me lo pregunto...

Minosha Casabonne
Psicóloga / Psicoterapeuta
Acunnare. Espacio para Padres