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viernes, 8 de agosto de 2014

Esos ratitos que tanto tardan…



Niño: “¿Mami quieres jugar conmigo?”
Mamá: “Un ratito hijito…estoy ocupada, ya voy”. Sigue hablando por teléfono.
Pasa un rato.
Niño: “¿Mami quieres jugar conmigo?”
Mamá: “Gordo te he dicho que en un ratito…”. Está revisando correos.
Pasa más rato.
Niño: “¡¡¡Mamáaaaaa ya pues!!!! ¿Cuándo vas a venir?”
Mamá: “¡¡¡Ya voy!!” Está pensando que su hijo es un desesperado pero ella sigue ocupada.
Luego de un rato…
Mamá: “Fulanito ya nos tenemos que ir, apúrate”.
Niño: “Un ratito…estoy ocupado…”
Mamá: “¿Qué? ¡¿Apúrate!!!” Por fin se acerca a su hijo que está concentrado en su juego, lo levanta y le dice que ya se tienen que ir. El niño se pone a llorar. La mamá se está preguntando qué le pasa a su hijo. No entiende.



Los adultos suelen tener muchas cosas qué hacer y, algunas veces, les parece que son tan urgentes e importantes que no pueden esperar “un ratito”. Ocurre entonces que luego no entienden qué pasa con sus hijos cuando les piden algo y estos no hacen caso o les responden con las mismas palabras de los adultos. Recordemos que los niños aprenden a partir de lo que observan en sus padres y adultos significativos, así como de lo que viven en el vínculo con ellos (por ello es un tema que repetimos con tanta frecuencia). Si la mayoría de veces que los niños piden algo de sus padres la respuesta es “un  ratito” y ese “ratito” no es chiquito sino largo o inacabable entonces no es de sorprender que luego los chicos se demoren también en hacer lo que se les pide: estar listos para salir, ir a comer, a bañarse, a ordenar sus juguetes, etc.

Cada niño (¡¡y cada adulto!!) tiene sus propios ritmos para hacer las cosas. Algunos podrían necesitar un poco más de tiempo que otros para hacer algo que les pedimos. Aunque esto es algo a tener en cuenta siempre, pensemos en lo importante y necesaria que es la coherencia entre lo que hacemos y decimos. Si a un niño se le dice “luego”, “después”, “más tarde” o “en un ratito” que se cumpla. Puede que por ser chiquitos no tengan una noción clara del tiempo pero sí se dan cuenta de que los ratitos no son eternos, “ya pues mamáaaaaa!!!”

Mg. Marian Alvarez-Calderón

Psicóloga Clínica – Máster en Trabajo Clínico y Salud Mental

Miembro fundador de Acunnare Espacio para Padres

jueves, 10 de julio de 2014

Poner límites…"¡¡a la primera y no a la tercera!!"


A lo largo de su desarrollo, los niños van aprendiendo acerca de la frustración y los límites, a través de las experiencias que viven y en el vínculo con sus padres. No se trata de un proceso fácil ni que se aprende a la primera. Por ello, necesitan que sus padres tengan mucha paciencia y que no piensen que están manipulando o que son unos malcriados. Los niños, al probar los límites o portarse “mal” están comunicando algo. La forma en que los adultos que los cuidan reaccionan frente a esto influye de manera importante en qué harán o sentirán ellos luego. Si los padres pierden la calma y gritan será más difícil que sus hijos puedan entenderlos y se comuniquen de otra manera.

Imagen de http://burbujitaas.blogspot.com/
¿Qué hacer? La clave, en muchos casos, es la prevención. Por ejemplo, si estamos en el parque y ya nos tenemos que ir le avisamos al niño que en x minutos nos iremos. Se le va avisando conforme va quedando menos tiempo. Esto le permite sentir que tiene cierto control sobre lo que pasa y no que el adulto interrumpe de pronto su actividad. Pensemos que para un niño sus actividades son muy importantes.

¿Qué pasa si a pesar de avisarles no se quieren ir del parque? Debemos reconocer la validez de lo que sienten: no quieren dejar de jugar. Sin embargo, hay algo que se tiene que hacer: regresar a la casa. Aquí es cuando la empatía y la firmeza amorosa (ojo, no agresiva) entran en juego. “Fulanita, entiendo que no te quieras ir porque te estás divirtiendo, pero ya va a ser hora de comer. ¿Quieres que te cargue o vamos caminando?”. Se le explica al niño lo que se espera de él y, si se puede, se le da la posibilidad de elegir algo.

Hay situaciones en donde es posible ser flexibles y negociar, pero hay otras que no son negociables. En estos casos lo que suele funcionar es que los padres estén muy seguros y convencidos para que puedan transmitir su mensaje con firmeza. Lo principal es que los niños sientan que, por encima de todo, sus papás se preocupan por ellos y los están cuidando. Los gritos de los adultos, muchas veces asustan más y pueden tener un efecto contrario al que se quiere. Ser firmes no quiere decir gritar, ¿está claro?

Mg. Marian Alvarez-Calderón
Psicóloga Clínica
Miembro fundador de Acunnare Espacio para Padres

lunes, 3 de marzo de 2014

Lo que "hay que hacer" y el juego


Un par de niños están jugando en el parque, resbalándose por el tobagán, columpiándose, jugando con la arena. Dos mamás (o nanas) los persiguen de rato en rato con una fruta o sándwich para que coman. Los niños abren la boca y comen pero no parecen muy interesados, se ven más concentrados en jugar. ¿Si tuvieran hambre no lo comunicarían de alguna manera?

Los adultos podemos estar más pendientes de lo que “hay que hacer”: cambiarles el pañal, llevarlos a bañar, prepararlos para salir, darles de comer, regresar a la casa…y pensamos que lo que pueda estar haciendo el niño no es tan importante como lo que “hay que hacer”. Lo que puede pasar, entonces, es que les ponemos la comida en la boca, los levantamos del suelo para cambiarlos o bañarlos, los cogemos de pronto para irnos, etc. Luego ocurre que el niño no quiere, no hace caso a lo que se le dice, llora, patalea…

Imagen de Ojodigital.com
En algunos casos podemos avisarles un rato antes lo que se va o tiene que hacer (ej. en 5 minutos vamos a (irnos, bañarte, cambiarte, etc.), en otros casos podemos esperar a que ellos vengan a nosotros y nos digan que necesitan ir al baño, que tienen hambre, que tienen frío…El momento de juego es muy importante para el niño, es un momento de aprendizaje, de diversión, de elaboración, de tranquilidad, de aprender a estar solo y de muchas otras cosas. Valoremos ese momento tan especial y confiemos en que nuestros niños tienen formas de comunicarnos lo que necesitan. A veces, lo que “hay que hacer” puede esperar un ratito…


Marian Alvarez-Calderón
Psicóloga Clínica – Máster en Trabajo Clínico y Salud Mental
Miembro fundador de Acunnare Espacio para Padres


domingo, 26 de enero de 2014

“Había una vez…” Acerca de los cuentos para niños


A lo largo de su desarrollo, los niños se sirven de diferentes formas para ir elaborando una serie de sentimientos (miedo, rabia, angustia, ansiedad), así como impulsos o preocupaciones. El juego es, por excelencia, la manera principal en que se entretienen, aprenden del mundo y de sí mismos. Por otro lado, los cuentos de hadas e historias de diferentes tipos son otras fuentes de aprendizaje, elaboración y disfrute. Tanto en el juego como en los cuentos que leen o que les cuentan, los niños entran en un mundo de fantasía en donde hay diferentes personajes con características variadas e historias que pueden cambiar en cuanto a la trama y el final. Y en ambos casos el niño tiene la posibilidad de ir elaborando frustraciones que también existen en su vida cotidiana, dentro de un contexto en el que puede controlar lo que pasa, decidir si quiere retroceder un poco, empezar de nuevo, saltarse una parte, o bien, escoger cuándo parar.

Imagen de Abc 
Para los padres, leerles o contarles un cuento a sus hijos puede ser, también, un momento de encuentro e intercambio, de relajarse juntos, y formar parte de la rutina previa a la hora de dormir, es decir, de entrar al mundo de los sueños y la fantasía. Francois Vallaeys, un conocido cuentacuentos, comentó que “los cuentos no están hechos para dormir a los niños, sino para despertar a los adultos”. En este sentido, se puede decir que el tipo de historia que nos pide o escoge el niño nos puede dar una indicación de qué clase de angustias o preocupaciones está buscando entender y calmar. Por ello es importante, también, estar atentos a que los cuentos que ofrezcamos sean apropiados para su edad, momento de desarrollo, capacidad de comprensión...y que a ellos les provoque escucharlos! Hay cuentos que los niños quieren escuchar una y otra (y otra y otra) vez, en tanto que hay otros que no quieren ni siquiera terminar de leer. Todo esto tiene que ver con qué tanto el cuento excita su curiosidad, es parte de algo que está necesitando elaborar (y por ello necesita de la repetición), o bien que le asusta o angustia mucho.

Actualmente, encontramos no solo los cuentos de hadas que suceden en lugares remotos y épocas lejanas, y que enseñan poco sobre las condiciones específicas de la vida moderna (tal es el caso de la Caperucita Roja, Los tres chanchitos, La Cenicienta, entre otros). Encontramos, también, libros e historias que han sido elaboradas pensando en temas específicos (por ejemplo, la llegada de un hermano, dejar el pañal, ir al médico, mamá vuelve al trabajo, etc.). En el caso de los cuentos clásicos no fueron creados pensando en un público infantil por tener raíces populares. Sin embargo, las adaptaciones los han hecho cada vez más accesibles a los niños. Sus temáticas son universales lo cual ha permitido que perduren en el tiempo. Así grafican, por ejemplo, el miedo a ser devorado, a perderse, a que mueran los padres, o el deseo de ser fuerte y poderoso. De otra parte, los cuentos actuales han sido pensados específicamente para niños apuntando, en muchos casos, a una finalidad concreta y determinada por lo cual existiría el riesgo de que luego de un tiempo ya no se adecúen al contexto cultural, social o emocional del público infantil.
Una ventaja de los cuentos clásicos es que, al ser de épocas pasadas y tierras lejanas, permiten que se vayan descubriendo e interpretando los símbolos dentro de los personajes y otros elementos de las historias; y ofrecen la esperanza de un final feliz. A través de los personajes los niños van descubriendo por sí mismos aspectos tales como la justicia, la fidelidad, el amor o la valentía. Algunos de los cuentos actuales muestran personajes más realistas que plantean situaciones concretas que el niño podría reconocer con mucha facilidad. Esto estimularía un poco menos la fantasía del niño ya que el paralelo con la realidad es muy directo. Por ello también es recomendable que los adultos no expliquen de qué se trata el cuento sino que dejen que sea el niño quien pueda encontrar sus propios significados.

Imagen de Biblioteca Recreativa Fagro 


En términos generales, lo importante de muchos cuentos es que los niños encuentren situaciones en las que se puedan reflejar y pensar “eso también me pasa a mí”, o encontrar personajes con los que se puedan identificar. En los cuentos de hadas suele haber los muy buenos o los muy malos pero el bien siempre triunfa, el malo es “castigado” o recapacita y se vuelve bueno. Ello grafica la coexistencia de dos lados en cada uno de nosotros. Hay situaciones en las que se enfrentan retos por lo cual el mensaje es que la lucha contra las dificultades de la vida es inevitable pero si uno no huye sino que se enfrenta a ellas se puede llegar a tener éxito o ser feliz.

La presencia de hadas que ayudan a los personajes, o que estos logran salvarse le da la tranquilidad al niño de que sus papás/hadas siempre lo protegerán de cualquier mal. Los cuentos con brujas, ogros o monstruos materializan miedos, agresión o angustias de una forma que asusta menos y permite que a partir de los personajes el niño pueda sentir que no hace daño ni destruye con tales sentimientos o impulsos.

Algunas temáticas habituales en los cuentos son perderse y encontrar el camino de regreso, tener voluntad y constancia, decir la verdad, explicar lo que se siente, resolver problemas, superar retos, ser valiente a pesar del miedo, lidiar con la frustración, aprender nuevas habilidades, entre otras. 

Imagen de Biblioteca Recreativa Fagro 
Los cuentos permiten que los niños compartan tiempo en compañía de sus padres o cuidadores principales con lo cual pueden conversar sobre lo que les gusta, disgusta o sus preocupaciones; desarrollan el gusto por la lectura. Escuchar las historias les estimula la fantasía y la imaginación, ayuda a desarrollar su intelecto, aprender nuevas palabras, reconocer y aprender a nombrar sus emociones, elaborar ansiedades, temores, angustias y deseos, reconocer dificultades al mismo tiempo que se sugieren soluciones o plantean herramientas para los problemas. No es solo un aprendizaje a nivel cognitivo, el niño también aprende sobre sus propios conflictos internos, cómo entender y lidiar con las frustraciones de su vida, sobre la relación con los otros… En otras palabras, se trata de una experiencia en la que se aprende muchísimo en distintos niveles.

Bruno Bettelheim, psicoanalista que examina algunos de los cuentos de hadas más conocidos, resume las funciones más importantes de estos, “A medida que entretiene al niño, el cuento de hadas esclarece aspectos de sí mismo y promueve el desarrollo de su personalidad. Ofrece significado en tantos niveles, y enriquece la existencia del niño de tantas formas, que ningún libro por sí solo puede hacer justicia a la multitud y diversidad de contribuciones que tales historias hacen en la vida de un niño”.
¡¡Y colorín colorado este cuento se ha acabado!!

Marian Alvarez-Calderón
Psicóloga Clínica - Máster en Trabajo Clínico y Salud Mental
Miembro fundador de Acunnare Espacio para Padres

Artículo publicado en la revista Dientes de Leche, Edición 3 (2013)